Todo es Palabra en la clausura del IV Congreso de la Palabra

El auditorio donde llovió un poema

Silvia, María del Carmen y Mara y Todo es Palabra


En la clausura del IV Congreso de la Palabra, en la ciudad de León, Guanajuato, pudimos compartir con más de 300 maestros, bibliotecarios, promotores de lectura y más entusiastas del libro y su magia algunos poemas que Aurelio González Ovies dedica precisamente a la Palabra. Jesús Rodríguez, Coordinador de la Biblioteca El Nigromante de San Miguel Allende y yo comentamos la experiencia que tuvimos en la biblioteca el mes de marzo que hicimos el voto y el compromiso de lanzar la poesía del creador asturiano para todo México, desde el corazón de México. Leí el primer poema de "Tocata y Fuga" y para terminar ese poema breve que el poeta ha titulado "Desiderium" y que enunció para todos mucho de lo que ocurrió en León en estos días, en torno a eso que llamamos Palabra.
 "Todos quisiéramos dejar aquí un poema como la vida..." dice Aurelio en ese poema que llovió en forma de hojas de colores sobre los asistentes, que se sintieron dichosos de atraparlo al vuelo.
Posteriormente realizamos un pequeño video con la espontaneidad de quienes nos quedamos conversando al final del Congreso sin querer romper el círculo mágico: Julio Édgar Méndez, escritor brillante y hombre de palabra, Levit Guzmán, locutor, Pepe López García, Coordinador General de las Casas de Cultura de Guanajuato, Javier Orozco, editor, escritor y catedrático; Mara Rodríguez Briones, que iba en pos de Palabra para llevar a la biblioteca del Instituto Oviedo de León, María del Carmen Pérez, psicóloga, Silvia García de Ling, entusiasta promotora de lectura y el joven Christian Ramírez, que realizó el apoyo técnico durante las conferencias.


En presente




Cuando nos demos cuenta
la vida habrá dejado de nosotros
una estación inédita
y un camino a mitad de la palabra.

 *
Fui feliz con muy poco,
porque sus ojos de arena
marcaron las horas más felices de mi vida.

 *
Partiremos de aquí
y todo lo nuestro
quedará en las sonrisas de las hiedras
que suban a buscarnos olvido arriba.

 *
Más allá que haya lo que quieran
siempre que aquí estés tú.

Canción y Utopía para Goethe







Permanece todavía un momento; eres tan bella.
 Canción y utopía para Goethe
 Aurelio González Ovies

 Olvidarte es decir que no
 a la vida,

 porque estás en los árboles
si los miro despacio,

 y en la hierba que piso
rozo tu superficie

 y te siento en la lluvia
cuando cae de pronto

 y te oigo en la tierra
al girarse callada

 y te abrazo en el aire
de cada movimiento

 y te veo en la noche
aunque vengas oscura

 y te pronuncio en todos
los objetos que nombro

 y me mojas los labios
al contacto del agua.

 Olvidarte es negarme
a seguir adelante,

 porque con tu pasado
ando yo mi futuro

 y de tu lejanía
resulta mi distancia

y a menudo te toco
cuando muevo las manos

 y cada día me llegas primero
tú que el alba

 y contigo respiro
mejor que con un soplo

 y tú eres mi víspera
de cualquier día, a diario

 y si no espero en ti...
Y es que tú estás en todo.

 (C) Aurelio González Ovies
Viernes de Dolores, de Música y Poesía en la Biblioteca Municipal de San Miguel de Allende.
30 de marzo de 2012

El poeta que viene del Norte en el corazón de México




El miércoles 7 de marzo de 2012, un grupo de personas se reunieron en la Biblioteca Municipal de la ciudad de San Miguel de Allende -que ha sido nombrada "corazón de México"-  en torno de la palabra del creador asturiano Aurelio González Ovies, el poeta que viene del Norte.

Un momento de la proyección de los videopoemas

La coordinación a cargo de Jesús Rodríguez fue impecable, en  una pantalla  se proyectaron videos de los poemas de Aurelio, lo que fue creando un ambiente muy especial.

La lectura colectiva se tiñó de emociones y de poéticos imprevistos y a petición de quienes habían escuchado el poema ANUNCIO POR PALABRAS en TV4, aunque no contábamos con ese poema impreso, se procedió a buscarlo en Internet y en segundos se encontró la versión que realizara nuestra amiga argentina Alejandra Moglia hace más de un año. El poema fue impreso y hecho suyo por todos, en particular por una joven que había llegado a la biblioteca por casualidad y que hizo suyo el verso "con el inmenso encanto de lo que no se espera".

Pero todos sin excepción aceptaron abordar este barco  de palabras y adentrarse en el mar de una poesía poderosa y sencilla, honda, original y originante, en ese recinto dedicado a los libros de la ciudad de San Miguel de Allende, corazón de un México que renace. 
















Aurelio González Ovies: el poeta que viene del Norte by María García Esperón

Aurelio González Ovies: El poeta que viene del Norte




La poesía de Aurelio González Ovies en XESQ Radio San Miguel de Allende


A las 8 AM, desde la cabina de XESQ Radio San Miguel de Allende, Jesús Rodríguez y yo convocamos al auditorio a asistir a la presentación de la poesía de Aurelio González Ovies en la Biblioteca Municipal Ignacio Ramírez El Nigromante. Se ha despertado un gran entusiasmo a través del departamento de comunicación social de la Dirección de Educación y Cultura de San Miguel para hacer de la tarde del 7 de marzo una celebración de la palabra.


La poesía de Aurelio González Ovies en TV4 San Miguel de Allende

Jesús Rodríguez y María García Esperón en TV4 San Miguel

Como parte de la difusión de "El poeta que viene del Norte", presentación de la poesía de Aurelio González Ovies en la Biblioteca Municipal de San Miguel de Allende, proyectada para el 7 de marzo a las 5 PM,  Jesús Rodríguez y yo fuimos invitados por el canal TV4 San Miguel, donde convocamos al público a asistir a esta reunión vivencial en torno a la poesía del creador asturiano. Leímos al aire el poema "Anuncio por palabras" en una emisión que emocionó a todos en el estudio y que alcanzaría a los televidentes en sus hogares, donde en medio del noticiario nocturno se abrió paso el manantial del poema. (MGE)

El poeta que viene del norte, en el periódico La Atención de San Miguel de Allende

The poet who comes from the North



By María García Esperón
Aurelio González Ovies was born in Bañugues, Asturias, in 1964. He has a Ph.D in classical philology and teaches at the University of Oviedo. His talent has been evident since he was young, when he won the Angel González Award of poetry with his book Versos para Ana sin número.
Poetry by Aurelio González Ovies, Wed, Mar 7, 5pm, Biblioteca Municipal Ignacio Ramírez El Nigromante, Pepe Llanos 14In 1992, his two books Vengo del Norte and La hora de las gaviotas took the Spanish literary scene by surprise and were awarded with the prestigious prize Adonais and the Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez
Aurelio writes poetry about life, about the simple things in it, but also about the pain it carries within and the awe-inspiring beauty in the world. Even a single one of his words can be as brooding and deep as a well and his words can help us descend into that place where the first images are kept: those from childhood and those of the first contact with ourselves. Love, death, time, nostalgia, and pain for what was lost are recurring themes in his poetry, the amazing fact of recognizing the fleetingness of life and the need of lasting forever in the mysterious poem are his signs of identity.
On March 7, at the Biblioteca Municipal Ignacio Ramírez El Nigromante, his poetry will be presented in an awe-inspiring fashion: the participants will read fragments from Aurelio’s literary work and a video will be filmed… which with the help of the internet, will travel to Asturias, where the poet himself will listen to his work being read in San Miguel de Allende.

Aurelio González Ovies nació en Bañugues, Asturias, en 1964. Es doctor en filología latina y catedrático en la Universidad de Oviedo. Su vocación poética se manifestó plenamente desde su primera juventud, cuando obtuvo con el libro “Versos para Ana sin número” el premio Ángel González de poesía.
Fue en 1992 cuando sus dos poemarios “Vengo del Norte” y “La hora de las gaviotas” deslumbraron el panorama literario español y fueron reconocidos con el accésit del prestigiado premio Adonais y con el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, respectivamente.
Pero Aurelio no es un poeta de premios, ni de círculos literarios ni de ambientes académicos asfixiantes. Es un poeta de la vida, de las cosas sencillas, del dolor y del asombro por la belleza del mundo.
Una sola de sus palabras puede ser tan profunda como un pozo y ayudarnos a descender a ese lugar donde están guardadas íntegras las primeras imágenes: las de la infancia y el primer contacto con el ser. El amor, la madre, la muerte, el tiempo, la ausencia y el dolor por lo perdido son los temas de su poesía; el asombro de saberse hombre efímero y la necesidad de permanecer para siempre en el misterio del poema son su marca particular.
El próximo 7 de marzo, dentro del ciclo “Miércoles Literarios”, en la Biblioteca Municipal Ignacio Ramírez El Nigromante, que coordina Jesús Rodríguez, será presentada la poesía de este creador de una manera vivencial: los participantes leerán fragmentos de su obra literaria y se realizará un video que a través de internet podrá hacerse llegar desde San Miguel de Allende hasta Asturias, donde los lectores podrán ser escuchados por el poeta en una experiencia de comunicación y entusiasmo por la palabra poética.

El poeta que viene del norte en San Miguel de Allende


Los "Miércoles Literarios" que ha organizado Jesús Rodríguez en la Biblioteca Municipal Ignacio Ramírez El Nigromante, han venido convocando cada vez a más personas deseosas de recrear los sentidos de la palabra de los poetas. La iniciativa ha permeado en otras instancias, como el Instituto Tecnológico de San Miguel de Allende, donde directivos y alumnos han manifestado su interés y gusto por acercarse a la literatura de una manera vivencial.

Como parte de la difusión de "El poeta que viene del norte", presentación de la poesía de Aurelio González Ovies en la Biblioteca Municipal de San Miguel de Allende, cuatro jóvenes estudiantes que realizan el servicio social en la biblioteca, han colgado más de 50 carteles en los alrededores, transmitiendo además de viva voz el sentido de este evento.

María Francisca, Laura Elizabeth, Juana Karina y Nancy conocieron en avanzada dos poemas del creador asturiano: "Area de prioridades" y "Anuncio por palabras". En una de las primeras tardes primaverales de San Miguel, se reunieron a leer en la Biblioteca Municipal quienes con todo derecho se han ganado el título de mensajeras de la poesía.


La Parroquia, símbolo neogótico de San Miguel de Allende




Las mensajera de la poesía ante uno de los carteles


Carmen Reveles, bibliotecaria del Instituto Tecnológico de San Miguel también ha contribuido a difundir el evento

Fotos: MGE

La poesía de Aurelio González Ovies en la Biblioteca Municipal de San Miguel de Allende



Dentro del programa "Miércoles de poesía: El goce por leer", la Biblioteca Pública Municipal de San Miguel de Allende y María García Esperón presentarán la poesía de Aurelio González Ovies el próximo 7 de marzo a las 5 PM. La entrada es libre.

En las viejas miradas la luna canta tangos


IX

EN las viejas miradas la luna canta tangos.
Soy el antepasado de los que me suceden,
soy un gitano oriundo de la flor de la pena,
soy el giro ancestral de la rueda del carro.
Soy un camino errante. Vengo del Norte.

He traído a mis muertos para que vuestros campos
germinen la promesa,
y ha venido la sangre a llover esta tarde
para que aquí reviente nuestra estirpe
con la fecundidad de los volcanes.
Soy el grisú que flota en las bocas ajenas,
soy el túnel que desemboca en la desesperanza,
soy el marzo que apunta en la rama del verso,
soy el corresponsal de las hogueras.
Vengo del Norte,
de la escritura cuneiforme del acebo,
de los funerales de la agricultura,
de la enorme tristeza con que se aleja el oso,
de la genealogía del pan de leña.
Ella viene conmigo porque es fértil
y amamanta a las mulas;
ella es la pregunta carnosa que rellena los frutos.
Algún día entenderéis por qué la quiero
y por qué come el polvo que levanta el futuro.

Tendremos una casa
y vendrán a cocer pan vuestras mujeres;
tendremos un establo y volverán los gritos de las fraguas.
Yo soy de un domicilio rural como la niebla,
soy el rompeolas de la edad tempestuosa,
soy el deseo marítimo de los de tierra adentro,
soy el invertebrado. Vengo del Norte.

No conocéis el viento ni sus silbidos rubios
cuando el bambú se seca.
Yo os traigo miradas viejas,
ojos parados en el solsticio.
Os traigo la luna en una jaula de lágrimas.
En las miradas viejas la luna enciende tangos.

Vengo del Norte,
del cazador furtivo de los páramos,
del relincho huérfano del asturcón,
de los caserones dorados del poniente.
Ella tuvo un reino detrás de la distancia
y descifra los signos de los que nunca llegan;
ella habla dos mil lenguas como los ojos
y redacta los fósiles de la memoria.

Quedaremos aquí,
donde el humo regresa al fuego,
donde la eternidad no bautiza a sus huéspedes,
donde los dioses son salvajes,
donde la verdad cierra al crepúsculo.
Quedaremos aquí y ella estará orgullosa

como el ave que oculta a los polluelos
debajo de su vuelo.
Quedaremos aquí definitivamente cerca del origen del agua.



(C) Aurelio González Ovies (España)
Vengo del Norte
Voz: Susana Peiró (Argentina)
Imágenes: Tango. Pasión en blanco y negro. www.terra.com.es.
Buenos Aires antiguo http://buenosairesantiguo.ar
Música: Operita María de Buenos Aires. Astor Piazzolla.
MMX

Hoy tienes en el alma noche de luna llena


V

HOY tienes en el alma noche de luna llena,
tu eternidad aúlla detrás del pensamiento,
en las dunas del dolor que hemos dejado atrás
para llegar aquí y estar tan solos.
Encargaré a los pinos que lacren tu conciencia
con resina salvaje,
y entenderás el llanto de los lobos,
los frágiles dialectos de los copos de nieve.

Serás la reina aquí. Serás la enredadera que suba
por el tronco de mis árboles,
serás la milenrama que busquen los enfermos de esperanza.

Vengo del Norte,
de donde las sirenas siguen llamando a Ulises,
de donde los recuerdos se borran con la lluvia,
de donde los destinos se reman con los brazos muy abiertos.
Ella viene conmigo
para daros a luz una provincia de perfumes.
Ella trae las cenizas del gélido nordeste.
Vengo del Norte,
a encender las luciérnagas de vuestra soledad,
a tatuaros la piel con el rumor de los enjambres.
Mi silencio revienta como la pasión de las legumbres.

Aquí extenderemos las paredes de nuestro nuevo mundo
y ella tendrá un estanque y un sueño de pizarra
y unos ojos azules como los dioses áticos.
Quiero que la felicidad desprenda la fragancia
de los albaricoques
y se siente a morir cada tarde un momento.
Si me miráis así seré un poco más viejo que la tierra,
porque vuestras pupilas giran con el vapor de las embarcaciones
en que navegan los antepasados.
Ella tiene dos pueblos hundidos en el alma
y en noches como ésta habla con el acento de los pantanos;
lleva en el corazón un campanario
para que nunca más estéis tan apartados de las golondrinas
y sepáis la hora por su tristeza románica.

Vengo del Norte,
de una aldea tranquila donde la muerte viaja en un tren
de carbón,
de la llamada azul de los afiladores,
de una granja apartada de todos los destinos.

Noches buenas y viejas


Lo que más nos movía y nos entusiasmaba, como siempre sucede, era el tiempo de espera, la ilusión prematura, las calles con las luces de las grandes ciudades, los anuncios con pinos, trineos y nevadas. Lo que más, era el halo de bondad que brillaba en la luz de los días más breves de la vida, el frío que incitaba a estar en torno al fuego, el aroma a cariño y a paz y espumillón y nueces melancólicas que inundaba la casa.

Y también arrancar al almanaque antiguo sus últimas jornadas y colgar uno nuevo en la pared, debajo de la radio, con retratos de gatos en un cesto o la imagen de un santo o una virgen que derramaba lágrimas. Pegar en los cristales recortes de revistas: hojas verdes de acebos, estrellas y tambores, siluetas de montañas. Y encender pronto el árbol, aunque gastara luz, repleto de postales y motas de algodón y cantar villancicos, en vez de hacer deberes, desde por la mañana, aquel de aquellos peces que bebían en el río y el del chiquirritín, chiquirriquitín, queridito del alma y el del rín, rín, yo me remendaba, yo me remendé, aquellos de Belén y ángeles y campanas.

Y ver sobre la mesa tantas cosas tan ricas, sopas de ajo con pan duro y con claras; algún pez grande al horno, pescado por mi padre; un poco de jamón y algún fiambre y queso; compota hecha de pera, higos pasos, manzanas. Y partir el turrón, tan gordo y tan sabroso, con martillo y cuchillo. Y comer mazapanes que llegaban de Soto y espesos polvorones de aquellas grandes cajas. Y saborear la dicha de estar juntos y alegres (aunque fuera mentira, parecíamos siempre más contentos que nunca), y escuchar a Juanita, que cantaba las coplas de allá de Puerto Lápice, con zambomba y con palmas.

Y soñar que aún quedaban muchos días de fiesta y noches espaciosas de ir muy tarde a la cama. Y aguardar por los Reyes que aún estaban lejanos, cuyo perfil veíamos en cualquier sombra o nube, en cualquier astro claro del cielo inalcanzable, en cualquier rama seca con corona de muérdago. Y echar en los buzones los deseos imposibles escritos con remite en inocentes cartas. Y esperar. Lo que más nos gustaba, como ocurre a los hombres, era el preámbulo intenso, la agitación del antes, la ensoñación, la dicha de lo previo o lo núbil, la emoción imprecisa de la propia esperanza.



(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 21 diciembre 2011
Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
MMXI

Umbral de diciembre


Quiero que vengas, madre mía, tú, a encenderme el umbral de este diciembre. Quiero que seas tú, con tus rasgos de luz, la que alumbre en las velas y en los limpios destellos mañaneros de la flor de la nieve. Que vengas tú a curarme la tos con tu resguardo, a librarme del frío de estas fechas vacías, a abrazarme detrás de una ventana mientras arde el silencio de la casa y el invierno ruge con su furia y fuera llueve. Aunque de nuevo me den miedo el relámpago y las tejas que rompen y los cables que aúllan y el chispazo imprevisto de los plomos y el gorjeo de la leche mientras hierve.

Que me dobles el borde de las sábanas y tantees la humedad que arroya en las paredes y recemos un poco en voz muy baja el padrenuestro antiguo, el que tú me enseñaste, y enrolles a mis pies la toalla y la botella, el papel de periódico y el ladrillo caliente. Y me pliegues la noche con la paz de tus fábulas y me pases, despacio, las páginas del sueño. Que me hables de aquellos años tuyos por los prados de Viodo en primavera y me mires dormir y me desees descanso y apagues mis zozobras y me beses la frente.

Y pongas tú en la mesa las cenas abundantes, los dulces escogidos, las frutas escarchadas y el tacto en los manteles. Quiero que vengas tú. Quiero que bajes tú desde la antigüedad de un villancico. Que surjas de entre el musgo, de un río o de una senda que cruzan los belenes. Que resurjas del irreal perfume de un palacio elevado, de la hondura de los pozos de agua, de un desierto imposible, del temple y la quietud de algún pesebre.

Ven y hazlo posible. Dibújanos el pino que te gusta. Amarra a esta nostalgia cascabeles. Escríbenos deseos y pámpanos y hojas de limón en los cristales gélidos del siempre. Caliéntanos las manos con cáscaras de fe. Ven, colócanos encima de la cama regalos y sorpresas. Haznos creer que resoplan muy cerca los camellos, que llaman a la puerta los pajes de los Reyes. Suelta la eternidad, abandona la estrella, cuando giren el mundo o la nada o el humo y mires hacia abajo y atisbes estos brazos, deja la inmensidad, desmóntate, detente. Quiero que vengas, madre mía, tú, a iluminar las bóvedas de este mustio diciembre.

(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 24 de noviembre 2011
Voz: María García Esperón
Música: Nightnoise
MMXI


Tiempo de narvaso



AURELIO GONZÁLEZ OVIES
Es tiempo de narvaso y de garduñas. De nieve en los picachos prominentes. Y de jerséis de lana hechos en casa. Es época de pomaradas mustias y de noches desiertas y extendidas. De confiados raitanes que gorjean en busca de algún fruto y gorriones que añoran el verano y la grana. De abedules y pláganos que incendian el paisaje; de rubor de cerezos y guindales silvestres; de olor a tendejones y a esfoyaza. A desayuno, a pan sincero, a silabario. Y de humo de borrón entre la húmeda faz de la mañana.

Son días de una luz muy verdadera, definitiva y limpia, en el perfil del mundo y en la grandeza azul de las montañas. De una nitidez inusitada en la infecta rutina que nos engulle inexorablemente, en la voraz rutina en la que nadie apenas se detiene ya ante nada. De unos cielos muy altos, con brillantes estrellas, que nos asoman a nuestra finitud. Días que llegan como ya terminados, extrañamente untados en desidia y galbana. Y apetecen el calor del fuego más que nunca y la complicidad de unos visillos. Y el rumor del cariño a nuestro lado. Y el silencio encendido en las horas oscuras y sus lentas estancias. Se nos antojan más las costumbres perdidas, los sabores añejos, los recodos tranquilos, los seres que nos faltan.

Éstas son fechas aptas para acercarse a los recintos del pasado y adentrarse en los preludios del invierno y en las vigas antiguas y el vaho de sus cuadras. Y apropiarse de un cántaro de leche y cenar unos higos con pan blando y buscar en un cuarto algún resquicio inmune de la vida, alguna muestra viva de los muertos, de los años hermosos de la infancia. Y abrir viejos baúles, olvidados al pie de un lecho solo, tantear en los armarios los trajes y las felpas, el jabón y los lienzos, chocar con el perfume a romero y manzana.

Son momentos de levantarse pronto, muy temprano, y atrapar ese albor que jamás volveremos a asumir desde ningún lugar ni desde esta ventana. De caminar sin rumbo, bosque arriba, por entre la quietud de la resignación, por entre los nogales derrotados, por entre los helechos ya vencidos y los quitameriendas pertinaces, por entre la agonía de las zarzas. Instantes más mortales que otras veces, porque traen caducidad y límites, separación muy firme del sol y las cigüeñas, de pétalos y ramas.
(La Nueva España, 9 de noviembre 2011)




Sobre unas rocas


La he visto. Estaba en Ítaca.
Yo me iba de Corfú, destino
a Melos. Ella lanzaba conchas
a las olas, sentada en una roca.
No es fácil esperar. La mirada
se acaba. Pierde su brillo.
Pero allí sigue. Amarrando el azul
del Jónico al Egeo. Todo
dura en la vida y es eterno,
mientras somos capaces de admitirlo.

Usted seguro que ha sentido vergüenza alguna vez



Usted seguro que ha sentido vergüenza alguna vez

al decir que en su cuarto caía una gotera

o que su pobre madre le hacía el bocadillo

siempre de natas con azúcar -son cosas de la vida-.

Confieso que en mi casa el olor a humedad

era casi entrañable

y todos los domingos se comían garbanzos,

salvo en alguna fecha señalada.

Que lloré muchas veces por no querer llevar

los jerseys con coderas

o no tener un lápiz con enanito arriba.

Confieso que la ropa nos la daban los primos

que ahora son albañiles

y que nuestra familia se rompió por la herencia

de unos metros cuadrados de baldosas con taras -son cosas de la vida-.

Que, a escondidas de todos y hasta los siete años,

tuve el chupete debajo de la almohada.

Confieso que los míos son personas sencillas:

usted sospecha que hablo de un padre que no sabe

lavarse bien los dientes,

de una mujer que escribe con mala ortografía,

de unos hermanos fieles como la misma sangre

y una casa que huele, cada vez que entro en ella,

a las húmedas manos de la melancolía.


Confieso que he nacido donde hubiera elegido

por encima de todo cada vez que naciera.

Yo también masticaba la cal de las paredes






Yo también masticaba la cal de las paredes

en las tardes de agosto

y creía que sólo se moría en invierno

y no entendía por qué cada vuelta del mundo envejecía a mi madre.

Estuve enamorado de una araña grandísima que vivía en una grieta

de la puerta

y hacía competiciones de gusanos.

El cielo me parecía una carpa gigante

y cuando vi pasar los primeros aviones los ojos se me abrieron

como dos libertades.

Mi padre me enseñó a comprender el viento,

a predecir la lluvia en la piel de los árboles

y por eso he tenido siempre miedo al futuro.

De pequeño, además, yo quería ser gitano

para tener un burro, entre otras muchas cosas,

y caminar descalzo.

Pero la vida nunca acepta nuestros ruegos

y me gustó el latín no sé por qué motivo

y aquí estoy enseñando lo que a veces no entiendo.

¿Qué voy a decir yo de la palabra hombre?,

¿cómo puedo explicar que para que haya historia

hubo que desde siempre ir matando o muriendo?

Conseguí ser mayor y me quité estos vicios a pesar de mí mismo:

y me conformo y callo y voy tirando

y echo de menos mucho la araña de la grieta

y el olor de la cal me es como de familia.

Aprendí, como todos, a amar lo que no amo,

y a hacer, según la norma, lo que todos hacían.

Mi voz es el paisaje



Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo y el que todo lo tuvo.
Pablo Neruda

Mi voz es el paisaje
que va echando de menos
las cosas que he perdido.
He nacido en un pueblo
y en el anonimato.
Mi vida se resume en aquel calendario
de números granates
donde mi madre iba
apuntando los partos de las vacas
y visitas al médico.
Fui más feliz que pobre
porque quien no conoce la abundancia
valora las minucias y los pájaros.
Desde niño la hora de las gaviotas
viene siendo mi reino
y el mar un no sé qué
-eternidad dios alma-
donde muero un momento cada día.
Así me veo ahora
cuando ya las gaviotas no conocen mi nombre
y la higuera envejece sobre la sed del pozo.
Mi casa, mis amigos, los míos, los de nadie.
¡Qué pronto somos soledad!

Aquella gaviota que se llamó promesa


Alguien ha vaciado el mar
Pascual Izquierdo


Aquella gaviota que se llamó promesa

y aquel embarcadero de ojos azules.

Toda mi vida:

un niño que recitaba el barro de memoria,

un pueblo que se quedó nevado de tristeza,

unos seres que fueron emigrando del frío,

una estrella sin gas en los muelles del alma.
 

Palabra en obras Copyright © 2010 | Designed by: Compartidisimo