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Vengo del Norte: Amistad, Amor, Palabra en la Librería Juan Rulfo



Vengo del Norte, de los acantilados de un destierro... La voz de Aurelio González Ovies se escuchó en el acogedor ambiente de la Librería Juan Rulfo del Fondo de Cultura Económica en Madrid colmando a todos de altas, sublimes emociones.
Habíamos preparado este encuentro desde el pasado abril en donde en la misma Librería dejamos la promesa de volver dejando surcos llenos y un retorno, como dicen las palabras del libro que ahora nos reunió y que se llama Vengo del Norte.
Poesía es eso que sucede en el corazón. Poesía es reunión humana, transformación y encuentro. Es voz y mirada, calor y una alegría muy íntima, que sucede en la interioridad sagrada de cada quien. Todo eso vivimos esa tarde del 4 de octubre de 2016, donde la hospitalidad de la Librería encabezada por Francisco Ruiz Barbosa se abrió a la palabra que viene del Norte como una fruta madura de oportunidad para que acontezcan milagros.
Milagros sencillos. Maravillas cotidianas. Amistad. Amor. Palabra. Y Patria. Una nueva, recién nacida patria de palabra en la que los caminos se reencuentren y enriquezcan con las experiencias del Norte, con los sentires del Sur, en ese espacio simbólico que encierra el nombre de México y que es el del centro del mundo. 
Lugar de reunión, de puesta en contacto entre los orbes. Más que una presentación de un libro, Vengo del Norte en la Librería Juan Rulfo fue una comunión con esa enorme potencia de la palabra y esa dimensión de la esperanza que se llama Poesía. La Poesía de Aurelio González Ovies.


Aurelio González Ovies con sus álbumes de poesía infantil, presentes ya en Librería Juan Rulfo

Pedro y Carolina, de México, fueron los primeros en llegar

Aurelio firmando ejemplares de sus libros

Francisco Ruiz Barbosa, Gerente del FCE España e Isabel Bueno en un momento del rccital

Disfrutando la palabra de Aurlio González Ovies. A la derecha, Angélica Menzinger, que hizo una hermosa lectura

La Librería Juan Rulfo nos hizo sentir bienvenidos en todo momento

Aurelio y yo antes de empezar el recital

Vengo del Norte en la Librería Juan Rulfo el 4 de octubre de 2016


Vengo del Norte

Charla-recital

Aurelio González Ovies y María García Esperón

Librería Juan Rulfo del Fondo de Cultura Económica
Martes 4 de octubre 7 PM
Entrada libre


Vengo del Norte XX en Teotihuacan



(C) Aurelio González Ovies

XX

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
Miguel Hernández

ALGÚN día se posarán los pájaros a cantar
en tus brazos,
a descubrir que somos los náufragos del tiempo,
los herederos de una canción de amor
que se escuchaba en las brumas del norte.

Esta es la última primavera que estaremos juntos,
ésta es la última parada que precede al recuerdo,
éste es el tren que sale de la vida
a cada siempre en punto,
ésta es la noche que nos queda para romper en hijos.

Te irás y yo me iré,
pero te llevaré, te llevaré conmigo,
te enterraré conmigo a la sombra de un roble
milenario
y allí tendrás pastores que cuiden tus cenizas
y verás la oquedad montañas
y te despertarán los gallos de los dioses.
Todos los lenguajes quedarán sin tu nombre
y entonces las palabras brotarán en los prados
y arrancarán tus sílabas deshojando te quieros.
Hay alguien en el viento que recoge tu semen
y lo esparce a lo lejos. Hay alguien
que prohíbe tu mortal hermosura.

Te irás como una hora de labranza
dejando surcos llenos y un retorno.
Te irás como un camino hacia las estaciones.

Has sido tantas cosas que quedarán vacíos los sonidos
y morirán los números.
Pero estarás conmigo,
te encontraré un paisaje donde tus ojos crean
que la muerte es la vida en otra parte
con el mismo manzano, la misma casa al norte,
los mismos rostros gratos y el mismo perro.

Algún día los ríos terminarán enteros en tu boca
y molerás de nuevo esa nostalgia que madura en agosto
entorno a los maíces y a las romerías.
Tendrás jóvenes llenos de salud
que adorarán el árbol y encenderán sus fuerzas
en las paganas noches de solsticio.
Tendrás enamorados
y bueyes que carreten su ajuar a otro destino
y bosques silenciosos
y casas encaladas con sus cuadras, su estiércol
y su niño comiendo el primer bocadillo.

Te llevaré conmigo
a una lluvia que caiga sin rozar los balcones
a que se asoma el tiempo
para decir el nombre del que ha sido elegido;
a una noche estrellada
donde sobren los faros y te vean los barcos
desde la lontananza.

Esta es la última vez que te veo llorar
sobre la historia.

Vengo del Norte VIII en Teotihuacan


Vengo del Norte VIII
(C) Aurelio González Ovies

YO no sabía que aquí mirabais el mundo
con los ojos cerrados,
que amabais las cosas con tanto desenfreno,
no sabía nada de vosotros ni de este continente
al que llegamos siguiendo el curso del olvido.

Vengo del Norte,
de los acantilados de un destierro,
de los muelles que esperan la ternura,
de las mareas del último suspiro.
Ella quiere pediros una estrella fugaz para amarrarse
el pelo;
está cansada y ha venido mirando atrás
como los que no vuelven.
Mañana se verá en las aguas y quedará preñada
de las profundidades; mañana, siempre mañana
como hacen las promesas.

Vengo del Norte,
de la edad retorcida de las viñas,
de los poblados rústicos del vértigo,
del alarido febril del urogallo.
Desde ahora poseeréis el delirio de arcilla
que retumba en el vientre de la cerámica,
poseeréis la fuga de las olas, el verbo de la espuma.
Desde ahora beberéis el jugo del pomelo
y plegaréis la simetría del alma en los moluscos
y llevaréis sombreros como los que vendimian
las llanuras del alma.

Yo no sabía que aquí entendíais la prisa de los ríos
y cruzabais la historia en balsas de corteza.
No sabía nada ni de vuestros frutales afrodisíacos
ni de vuestras mujeres migratorias.

Vengo del Norte,
de donde lloran las abuelas cuando suenan las gaitas,
de las escapatorias de los topos,
de las minas saladas de las lágrimas,
de la beatitud que fermenta en los hórreos.
Soy prisionero del salitre. ¿Por qué no preguntáis
cuántos naufragios tengo?
Puedo responderos con una nube.

Ella viene conmigo y en los días bisiestos
la amaré con dos bocas.
Ella es la amada que vieron los pescadores en las afueras
de la niebla.
Ella es la heredera de los faros,
la última gitana de la estirpe del llanto.


Se necesita un ser: la poesía de Aurelio González Ovies en Foro Confabulario

Vengo del Norte


Poesía... eso que aprende el corazón, dijo Jacques Derrida. Y también dijo: "Yo soy un dictado, pronuncia la poesía, apréndeme par coeur [de memoria], vuelve a copiar, vela y vigílame, mírame, dictado, ante los ojos: banda de sonido, wake, estela de luz, fotografía de la fiesta de luto..." Los versos de Aurelio González Ovies no son pertenencia a los papeles, sino forma y contenido de la Memoria. Memoria... Mnemosyne... Canta, oh Musa y envuélvenos en el viento sagrado de tu voz, llévanos a tu libro, que es el Norte de los Nortes al vuelo de un solo segundo.



La magia surcó el espacio blanco habitado de azul y envuelto en un manto de lluvia del Foro Confabulario en San Juan del Río. Los versos de ese libro, Vengo del Norte, recorrieron a pie caminos que no se veían, pero que se sentían partir del mismo principio de eso que se llama corazón. El corazón de todos. Otra vez la tríada que se ha venido develando entre nosotros: VOZ PALABRA CORAZÓN.  Tríada que escapa a la voluntad, a la planeación y a la intemperie y que levantó sus alas en esa tarde lluviosa de la librería que cumple un año, un ciclo completo de siembra, de agricultura en los campos de la palabra. Era natural que la Poesía accediera a descender del Norte de los Nortes para convertir el lugar en un diamante o en un aleph, en una cueva del sagrado viento y en una Palabra fundadora. Mirada en la mirada, mano en la mano, los versos se dirigieron a cada persona y en nombre de todos los que recibieron esa luz, el padre de una niña de 12 años, al finalizar el tiempo del encuentro poético, agradeció con lágrimas en la voz y ojos temblorosos las palabras de Vengo del Norte que fueron dedicadas a su hija.

Ese círculo cesó y siguieron otros. La celebración de aniversarios rebosaba diversidad y voluntades. Y volvieron las letras del poeta asturiano en otro tono y para ese destinatario por el que todos trabajamos: el niño en el hombre. Los versos de Rima siempre, que hace 5 años fueran adaptados levemente para los niños de Querétaro fueron acompañados en vivo por ese Orfeo mexicano que es el pianista y compositor David García. Versos que con ligereza de ángel y en risueño tono tocan la esencia de los poético, la escritura misteriosa que urde el mundo en bellezas y sentidos





Pero Se necesita un ser... y esa necesidad del Verso que nos circunda nos enlazó casi al final de esas dos horas y media de palabra. Ya los policías del Programa de Lectura y Prevención del delito se habían comprometido, desde el día anterior, para unir muchas voces en una sola mirada y aprender para el corazón el poema Anuncio por Palabras, que también fue ofrendado a los asistentes confabulados en un único sentir de belleza, y que se vieron ocupados, como Elvira Velázquez, la directora fundadora de la librería, en el maravilloso ejercicio de calcular el radio de los besos...



¿Cuál es el alcance de esta irradiación poética bautizada de lluvia? ¿Será incalculable, tanto en el tiempo como en el espacio? El espacio y el tiempo que se levantaron esa noche de la poesía voz-palabra-corazón de Aurelio González Ovies nos protegerá por siempre del olvido y nos ha escrito también para siempre en las páginas que vienen del Norte.

Vengo del Norte en Santa Marina de los Cuclillos


Pablo Álvarez coordina un entrañable taller recital sobre Vengo del Norte, de Aurelio González Ovies, en Santa Marina de los Cuclillos, parroquia del Concejo de Sieros, Asturias.

El 25 de mayo de 2015 en un enorme regalo de la vida, pude asistir al Taller Recital que Pablo Álvarez venía preparando en la hermosa comunidad de Santa Marina de los Cuclillos, con un grupo de personas entregadas a la poesía y a la magia que desprendieron los versos y la persona de Aurelio González Ovies.

Quienes conocen personalmente al poeta ya saben que es todo sencillez y humanidad. En esa ocasión cada objeto y cada gesto, cada persona desprendía una fragancia de verdad, cada palabra era Evangelio y tanta sinceridad componía un bello poema humano que era el espejo de ese Vengo del Norte, libro precioso nacido de la vida y devuelto a ella esa tarde mágica.

Hay algo aquí parecido al olor del infinito, que es uno de los versos del poema, era ahí también un olor de Eternidad, de tiempo original, ascendente, bautismo, comunión, sacramento, vida. Todos lo sentimos, cada quien desde su momento y desde su mundo interior. Era un don, un don del Tiempo o del Destino o de la Palabra y conversaban como si tal cosa, con Aurelio, que también habían masticado la cal de las paredes y visto estrellas de carburo en el alumbrado rural y el sentido que hay en todo y que está deletreado -lo sé, lo juro- en ese Vengo del Norte sembrado de bellezas, de seres humanos, de  tierra y trascendencia, de exilio y bondad, nostalgia y camino.

Algunas personas encuentran en determinado libro una vivencia de eternidad. Abro las páginas de Vengo del Norte en cualquier formato y se encienden todas las estrellas del firmamento del alma. Ver el libro en su edición primera y única sobre esa mesa cubierta con un mantel a cuadros, rodeada de personas de rostro verdadero, sin artificios ni poses literarias, con Pablo redondeando las sesiones previas que había tenido con ellas, el mismo Aurelio tan grande en su humildad como siempre... que esa escena ya es también para mí página de este libro infinito con todas sus estrellas encendidas. Yo estaba literalmente encantada, pensando que esa página era la del primer segundo de la eternidad, como el monje de la leyenda que escuchó cantar a un ave y vivió mil años felices en un instante tan solo.

Compartimos además una merienda deliciosa, fluyó la sidra, y una señora que en realidad era un hada confeccionó unas deliciosas galletas con las letras de Vengo del Norte. Otros seres mágicos había, poseedores de un tiempo interior diferente, que Aurelio entiende bien, siendo uno de ellos su maestra. Y presencias invisibles, cuyo aliento y amor podían sentirse en esa tarde asturiana donde la Palabra del más grande de los poetas nos entregó, breve luz para siempre, la vida verdadera.

(María García Esperón)



















En las viejas miradas la luna canta tangos


IX

EN las viejas miradas la luna canta tangos.
Soy el antepasado de los que me suceden,
soy un gitano oriundo de la flor de la pena,
soy el giro ancestral de la rueda del carro.
Soy un camino errante. Vengo del Norte.

He traído a mis muertos para que vuestros campos
germinen la promesa,
y ha venido la sangre a llover esta tarde
para que aquí reviente nuestra estirpe
con la fecundidad de los volcanes.
Soy el grisú que flota en las bocas ajenas,
soy el túnel que desemboca en la desesperanza,
soy el marzo que apunta en la rama del verso,
soy el corresponsal de las hogueras.
Vengo del Norte,
de la escritura cuneiforme del acebo,
de los funerales de la agricultura,
de la enorme tristeza con que se aleja el oso,
de la genealogía del pan de leña.
Ella viene conmigo porque es fértil
y amamanta a las mulas;
ella es la pregunta carnosa que rellena los frutos.
Algún día entenderéis por qué la quiero
y por qué come el polvo que levanta el futuro.

Tendremos una casa
y vendrán a cocer pan vuestras mujeres;
tendremos un establo y volverán los gritos de las fraguas.
Yo soy de un domicilio rural como la niebla,
soy el rompeolas de la edad tempestuosa,
soy el deseo marítimo de los de tierra adentro,
soy el invertebrado. Vengo del Norte.

No conocéis el viento ni sus silbidos rubios
cuando el bambú se seca.
Yo os traigo miradas viejas,
ojos parados en el solsticio.
Os traigo la luna en una jaula de lágrimas.
En las miradas viejas la luna enciende tangos.

Vengo del Norte,
del cazador furtivo de los páramos,
del relincho huérfano del asturcón,
de los caserones dorados del poniente.
Ella tuvo un reino detrás de la distancia
y descifra los signos de los que nunca llegan;
ella habla dos mil lenguas como los ojos
y redacta los fósiles de la memoria.

Quedaremos aquí,
donde el humo regresa al fuego,
donde la eternidad no bautiza a sus huéspedes,
donde los dioses son salvajes,
donde la verdad cierra al crepúsculo.
Quedaremos aquí y ella estará orgullosa

como el ave que oculta a los polluelos
debajo de su vuelo.
Quedaremos aquí definitivamente cerca del origen del agua.



(C) Aurelio González Ovies (España)
Vengo del Norte
Voz: Susana Peiró (Argentina)
Imágenes: Tango. Pasión en blanco y negro. www.terra.com.es.
Buenos Aires antiguo http://buenosairesantiguo.ar
Música: Operita María de Buenos Aires. Astor Piazzolla.
MMX

Hoy tienes en el alma noche de luna llena


V

HOY tienes en el alma noche de luna llena,
tu eternidad aúlla detrás del pensamiento,
en las dunas del dolor que hemos dejado atrás
para llegar aquí y estar tan solos.
Encargaré a los pinos que lacren tu conciencia
con resina salvaje,
y entenderás el llanto de los lobos,
los frágiles dialectos de los copos de nieve.

Serás la reina aquí. Serás la enredadera que suba
por el tronco de mis árboles,
serás la milenrama que busquen los enfermos de esperanza.

Vengo del Norte,
de donde las sirenas siguen llamando a Ulises,
de donde los recuerdos se borran con la lluvia,
de donde los destinos se reman con los brazos muy abiertos.
Ella viene conmigo
para daros a luz una provincia de perfumes.
Ella trae las cenizas del gélido nordeste.
Vengo del Norte,
a encender las luciérnagas de vuestra soledad,
a tatuaros la piel con el rumor de los enjambres.
Mi silencio revienta como la pasión de las legumbres.

Aquí extenderemos las paredes de nuestro nuevo mundo
y ella tendrá un estanque y un sueño de pizarra
y unos ojos azules como los dioses áticos.
Quiero que la felicidad desprenda la fragancia
de los albaricoques
y se siente a morir cada tarde un momento.
Si me miráis así seré un poco más viejo que la tierra,
porque vuestras pupilas giran con el vapor de las embarcaciones
en que navegan los antepasados.
Ella tiene dos pueblos hundidos en el alma
y en noches como ésta habla con el acento de los pantanos;
lleva en el corazón un campanario
para que nunca más estéis tan apartados de las golondrinas
y sepáis la hora por su tristeza románica.

Vengo del Norte,
de una aldea tranquila donde la muerte viaja en un tren
de carbón,
de la llamada azul de los afiladores,
de una granja apartada de todos los destinos.

I Nunca es puntual el tiempo


I

NUNCA es puntual el tiempo
para dejarnos solos y empezar a perdernos
en la espesura donde ya nadie se conoce.
Quiero estar aquí como la lluvia,
en vertical como el abismo.
Soy el amo de la soledad,
la cifra de la nieve, el inventor del cero.
Soy el conquistador de la humedad del agua.
Quiero instalarme aquí. Mis carabelas
están enamoradas de la ruta del sueño.

Vengo a ofreceros mi fe antes de que anochezca,
a entregaros mi historia rural como el ganado,
a colgar un refrán de vuestro cuello
y deciros mi vida. Vengo del Norte,
de una noche dormida en los castaños,
de una casa fresca como los vientres de las bodegas.

Mis recuerdos son vuestros desde ahora,
os ofrezco el perfume de los membrillos
envuelto entre las sábanas,
el rito cereal de las siestas de mayo,
el canto de los grillos, la sed de los limones.
Mis secretos son vuestros desde ahora,
os proveo de ojos manantiales,
de mitologías suaves para mecer las cunas,
de palabras-espiga para dorar lenguajes,
de caminos y charcos y atajos como infancias.

Antes de que anochezca,
he de plantar aquí la grana de unos ojos
que no deben cerrarse,
la fuerza de unas manos que abrazan como muros,
la voz tradicional de la boca del barro,
los frondosos suspiros de la menta.

Ven a recibirme con tu ajuar de deseos
y viviremos cerrados bajo la biografía de la niebla,
en el exilio de los faros.

Te adornaré las horas con laureles romanos
alrededor de casa,
te diré que los dioses duermen en los jazmines
desde el último eclipse,
te vaciaré el volcán que supura en la boca de los siglos
y haremos un paisaje que brote nuestros nombres
en sus tierras.

Nunca es puntual la lágrima para llorar el humo
que se escapa de un alma que se enciende
y crepita en los leños que tabican la puerta del olvido.
Aquí seremos libres como el atardecer de los pastores
y la sonora estación del queso fresco.

Seremos más que libres
y pondrás tus sospechas a curar al aire puro.
Ahora di que sí, solamente que sí
como hacen nuestros árboles al entregar el fruto
o admiten nuestros perros al robar su camada.

Quedaremos
y pintaremos el cielo de cal viva y tendrás una estrella
preferida
y arrendaré una fuente a nuestras náyades
donde laves la ropa arrodillada con el lento jabón
de los crepúsculos.

Quedaremos y parirás con el dolor de las cosechas,
con esos gritos rojos con que se hace la sangre
y se pisan los mostos en las tribus del alma.

Quedaremos aquí,
definitivamente lejos de los ayeres desilusionados,
definitivamente cerca de las inmensas llanuras
por donde tendremos que partir
cuando caigan las nieves de nuestros ojos fríos.
Serás tú la heredera del rocío y de las lunas llenas,
tú la que cure con hierbas los dolores del mundo
y la que más entienda del vuelo de los pájaros
y el croar ensordecedor de las tristezas.

Quedaremos aquí,
definitivamente hundidos en el temblor del tiempo
y los helechos,
definitivamente ocultos bajo las primitivas
capas del espacio,
definitivamente así como la muerte.

(C) Aurelio González Ovies
Realización: María García Esperón
Música: Le Disque du Temps et de l'instant, 
Jordi Savall, Montserrat Figueras
2010

III Yo soy el mensajero de los atardeceres


III

YO soy el mensajero de los atardeceres,
de las horas granates que apiñan las frambuesas.
Soy la hora que nunca regresará a su sitio.
Soy el conquistador. Soy el atardecer. Vengo del Norte.

El ganado está manso como un pantano de oro
porque el mundo es pastor en esta orilla
desde hace muchos siglos,
yo lo vi merendar manteca y miel silvestre.
Algún día tendremos una casa,
algún día seremos dueños de una pomarada
donde la eternidad despierte con los gallos
y te ayude a peinar a nuestros dos mil hijos.

Vengo del Norte como la blanda niebla
que masticáis vosotros en las bodas del viento,
como el rostro moreno de la brea con que encendéis
los libros de la noche,
como las golondrinas que escapan de las cuadras
al reventar la seta del otoño.

Ella llora porque ha dejado atrás una cruz de violetas
encima de su raza,
porque sabe que aquí ahorcará su memoria
en esta lluvia de árboles que no hubieran nacido.

Los pastos están rotos,
pero traigo un arado con los dedos de un dios
que arañarán la tierra hasta tocar los huesos del primer
enterrado.
Ella rota un molino cada vez que me mira
para pedirme amor entre la hierba alta,
cada vez que me sube a los graneros donde la voz
deposita su harina indescifrable.

Os traigo una noticia envuelta con hojas de castaño,
una noticia fresca
que necesita tiempo debajo del estiércol,
pero será tan grata como la novia nueva
que grita cuando rompen su blanca idolatría.
Ayudadnos a descargar nuestra carreta;
que ella se pose despacio
como una edad que acaba de romperse las piernas
y necesita esclavos para bajar la vida.

Veo que está la noche cantando como un grillo
y que vuestras esposas han encendido el fuego.
Podéis iros,
que el vino sólo tiene un momento como las decisiones.
Mañana volveremos a vernos
cuando el rocío enmarque cristales a otro día
y amanezca de nuevo la palabra distancia.

IV En tus dominios las horas surgen de la nata


IV

EN tus dominios las horas surgen de la nata,
de los campanarios del deshielo, del alma de la leche.
Esta es la estación de las promesas,
el mes por donde cruzan los afluentes del tiempo
y donde cogen agua las almas sin oficio.
No tengas miedo; la eternidad es húmeda
como los besos tiernos de una boca inundada.

Deja aquí nuestras cosas,
esta es la temporada de frutos deliciosos,
de américas y tangos maduros de coraje.
Deberías ponerte este pañuelo para pisar la vida
que palpita en las uvas
y viajar a la siega de nombres imposibles.
Canta como si hubieras estado muchas veces enamorada
del verano,
como si hubieras ido muchas tardes a las tradicionales
danzas de las espigas,
como si hubieras nacido para morir en una vieja mina
de amapolas.

Estas tierras han sido reservadas para el más allá
de los desesperados.
Por aquí han pasado muchos otros a preguntar a dios
cuántos pasos nos quedan al destino.
No tengas miedo; come unas bayas de esa esperanza roja
de la sangre del mundo;
prométeme, prométeme. Esta es la estación de las promesas:
de decir que estás acostumbrándote a no llevar la carne,
de empezar a ser un girasol de cicatrices,
de celebrar el llanto de la Naturaleza.

La mentira está dentro de todos los arbustos,
de todos estos seres que han echado raíces
sobre sus propias sombras,
pero tú necesitas una droga de barro,
un tallo de papiro que conserve los signos
de tu belleza acuática.

Aquí las horas no dejarán huella en tu mirada
porque las horas surgen de la leche que ordeñan los
montañeros,
de las ubres hinchadas de una madre parida.
Yo te prometo ser el campesino de todos tus dominios,
la voz que te detenga la lluvia y el granizo
cuando estén en flor aún los cerezos dispersos por tus labios;

Esta es la estación de las promesas,
el tiempo en que la tierra se abre como los sexos insaciables,
es la estación más larga de la vida.

V Hoy tienes en el alma noche de luna llena


V

HOY tienes en el alma noche de luna llena,
tu eternidad aúlla detrás del pensamiento,
en las dunas del dolor que hemos dejado atrás
para llegar aquí y estar tan solos.
Encargaré a los pinos que lacren tu conciencia
con resina salvaje,
y entenderás el llanto de los lobos,
los frágiles dialectos de los copos de nieve.

Serás la reina aquí. Serás la enredadera que suba
por el tronco de mis árboles,
serás la milenrama que busquen los enfermos de esperanza.

Vengo del Norte,
de donde las sirenas siguen llamando a Ulises,
de donde los recuerdos se borran con la lluvia,
de donde los destinos se reman con los brazos muy abiertos.
Ella viene conmigo
para daros a luz una provincia de perfumes.
Ella trae las cenizas del gélido nordeste.
Vengo del Norte,
a encender las luciérnagas de vuestra soledad,
a tatuaros la piel con el rumor de los enjambres.
Mi silencio revienta como la pasión de las legumbres.

Aquí extenderemos las paredes de nuestro nuevo mundo
y ella tendrá un estanque y un sueño de pizarra
y unos ojos azules como los dioses áticos.
Quiero que la felicidad desprenda la fragancia
de los albaricoques
y se siente a morir cada tarde un momento.
Si me miráis así seré un poco más viejo que la tierra,
porque vuestras pupilas giran con el vapor de las embarcaciones
en que navegan los antepasados.
Ella tiene dos pueblos hundidos en el alma
y en noches como ésta habla con el acento de los pantanos;
lleva en el corazón un campanario
para que nunca más estéis tan apartados de las golondrinas
y sepáis la hora por su tristeza románica.

Vengo del Norte,
de una aldea tranquila donde la muerte viaja en un tren
de carbón,
de la llamada azul de los afiladores,
de una granja apartada de todos los destinos.

VI Desde las ventanas de tu cuarto


VI

DESDE las ventanas de tu cuarto
verás esa llanura donde habitan los hombres
que no tienen a nadie,
esos seres que escancian la nostalgia en las cubas sin fondo
de la niebla.
Verás todos los faros de la mitología
y a todas las esposas que esperan el regreso de los barcos.

Ha llegado a tu piel la primavera, ha llegado la pascua
a los laureles de tu aliento;
tendrás que bendecir estos terrenos
con la oración que traes escrita en el cansancio.
Ha llegado el momento de que pintes las flores
con el betún reciente de tu lengua materna
y pongas a los sauces a llorar para siempre.
Te nombrarán la dueña del espacio silvestre,
la artesana del polen,
la molinera azul de todos los panales
y cada abril que venga te pedirá permiso
para hacer el amor sobre la tierra.

Aquí serás feliz yéndote con las fuentes a conocer
lo efímero,
a comer fresas ácidas a los ocasos,
a bailar en las fiestas que hacen los campesinos.
Serás feliz y hermosa
y verterás dolor al tinte de las malvas
y llevarás pendientes como los manantiales
y te deshojarás toda en noviembre.

Estaremos tan sanos que en cada aniversario
la edad no llegará porque habrá nieve
y pasarán los años con el retraso de las indecisiones.

Desde las ventanas de tu cuarto
verás la enredadera de la costumbre trepando vida arriba
y no echarás de menos tu estancia en otra parte.
Jamás serán los días un eco indiferente
de las agrias campanas de los abutilones.
Quedaremos aquí,
apoyados en estos corredores donde cura el futuro.

(C) Aurelio González Ovies
Vengo del Norte
Voz: María García Esperón
Música: Ludovico Einaudi
MMX

VII En tus manos los pueblos se verán a lo lejos


VII

EN tus manos los pueblos se verán a lo lejos
como un olvido entero de luciérnagas
y pasarán los trenes por los márgenes rubios
de tus ojos
y se irán los pasajeros de tus lágrimas.
Vengo del Norte,
ella es hija de un humilde sereno
que vigila las calles de la conciencia,
ella trae la sabiduría de cultivar crisálidas
sobre los multiformes pétalos del alma.

Necesitaré un río para cruzar a las comarcas
donde se compra el grito de la felicidad eterna,
necesitaré una mano que bote las voluntades
río abajo,
necesitaré una corriente favorable a los deseos
y un puñado de brisa que apriete las edades.
Ella se quedará aquí consolando a la ribera,
protegiendo el capullo de la vida,
devanando los imperceptibles hilos de la existencia diaria.

Me iré con la última luna del invierno
y volveré enseguida;
volveré con la fluorescencia del verano,
con el saúco mágico del que comen los príncipes,
con la genciana donde se tiñen los crepúsculos.
Volveré con el azahar nupcial donde la libertad es virgen
siempre.

Esperad en vuestros puestos,
detrás de este paisaje de voz medicinal
donde la muerte no tiene aniversarios todavía.
Esperad sabiendo que regresaré muy pronto
y que ella estará en medio de vosotros como un estambre fiel,
como una catarata de respeto.

Vengo del Norte,
me mandan los patrones de la melancolía,
me mandan los barqueros de lo inolvidable,
los sabios cirujanos de las desilusiones,
los curtidos carabineros del ensueño.

(Para César y Ana)

VIII Yo no sabía que aquí mirabais el mundo


VIII

YO no sabía que aquí mirabais el mundo
con los ojos cerrados,
que amabais las cosas con tanto desenfreno,
no sabía nada de vosotros ni de este continente
al que llegamos siguiendo el curso del olvido.

Vengo del Norte,
de los acantilados de un destierro,
de los muelles que esperan la ternura,
de las mareas del último suspiro.
Ella quiere pediros una estrella fugaz para amarrarse
el pelo;
está cansada y ha venido mirando atrás
como los que no vuelven.
Mañana se verá en las aguas y quedará preñada
de las profundidades; mañana, siempre mañana
como hacen las promesas.

Vengo del Norte,
de la edad retorcida de las viñas,
de los poblados rústicos del vértigo,
del alarido febril del urogallo.
Desde ahora poseeréis el delirio de arcilla
que retumba en el vientre de la cerámica,
poseeréis la fuga de las olas, el verbo de la espuma.
Desde ahora beberéis el jugo del pomelo
y plegaréis la simetría del alma en los moluscos
y llevaréis sombreros como los que vendimian
las llanuras del alma.

Yo no sabía que aquí entendíais la prisa de los ríos
y cruzabais la historia en balsas de corteza.
No sabía nada ni de vuestros frutales afrodisíacos
ni de vuestras mujeres migratorias.

Vengo del Norte,
de donde lloran las abuelas cuando suenan las gaitas,
de las escapatorias de los topos,
de las minas saladas de las lágrimas,
de la beatitud que fermenta en los hórreos.
Soy prisionero del salitre. ¿Por qué no preguntáis
cuántos naufragios tengo?
Puedo responderos con una nube.

Ella viene conmigo y en los días bisiestos
la amaré con dos bocas.
Ella es la amada que vieron los pescadores en las afueras
de la niebla.
Ella es la heredera de los faros,
la última gitana de la estirpe del llanto.

(C) Aurelio González Ovies
Vengo del norte
María García Esperón desde el Centro Ceremonial de Cuicuilco, México. Al fondo, los volcanes nevados: la Mujer Blanca y La Montaña que Humea
MMX

IX En las viejas miradas la luna canta tangos


IX

EN las viejas miradas la luna canta tangos.
Soy el antepasado de los que me suceden,
soy un gitano oriundo de la flor de la pena,
soy el giro ancestral de la rueda del carro.
Soy un camino errante. Vengo del Norte.

He traído a mis muertos para que vuestros campos
germinen la promesa,
y ha venido la sangre a llover esta tarde
para que aquí reviente nuestra estirpe
con la fecundidad de los volcanes.
Soy el grisú que flota en las bocas ajenas,
soy el túnel que desemboca en la desesperanza,
soy el marzo que apunta en la rama del verso,
soy el corresponsal de las hogueras.
Vengo del Norte,
de la escritura cuneiforme del acebo,
de los funerales de la agricultura,
de la enorme tristeza con que se aleja el oso,
de la genealogía del pan de leña.
Ella viene conmigo porque es fértil
y amamanta a las mulas;
ella es la pregunta carnosa que rellena los frutos.
Algún día entenderéis por qué la quiero
y por qué come el polvo que levanta el futuro.

Tendremos una casa
y vendrán a cocer pan vuestras mujeres;
tendremos un establo y volverán los gritos de las fraguas.
Yo soy de un domicilio rural como la niebla,
soy el rompeolas de la edad tempestuosa,
soy el deseo marítimo de los de tierra adentro,
soy el invertebrado. Vengo del Norte.

No conocéis el viento ni sus silbidos rubios
cuando el bambú se seca.
Yo os traigo miradas viejas,
ojos parados en el solsticio.
Os traigo la luna en una jaula de lágrimas.
En las miradas viejas la luna enciende tangos.

Vengo del Norte,
del cazador furtivo de los páramos,
del relincho huérfano del asturcón,
de los caserones dorados del poniente.
Ella tuvo un reino detrás de la distancia
y descifra los signos de los que nunca llegan;
ella habla dos mil lenguas como los ojos
y redacta los fósiles de la memoria.

Quedaremos aquí,
donde el humo regresa al fuego,
donde la eternidad no bautiza a sus huéspedes,
donde los dioses son salvajes,
donde la verdad cierra al crepúsculo.
Quedaremos aquí y ella estará orgullosa

como el ave que oculta a los polluelos
debajo de su vuelo.
Quedaremos aquí definitivamente cerca del origen del agua.



(C) Aurelio González Ovies (España)
Vengo del Norte
Voz: Susana Peiró (Argentina)
Imágenes: Tango. Pasión en blanco y negro. www.terra.com.es.
Buenos Aires antiguo http://buenosairesantiguo.ar
Música: Operita María de Buenos Aires. Astor Piazzolla.
MMX

X Las madreselvas tienen vuestro mismo carácter


X

LAS madreselvas tienen vuestro mismo carácter,
vuestra misma bondad al trepar los abrazos,
vuestro mismo dialecto de palabras en ruinas.

Hay algo aquí parecido a la muerte,
tal vez esa nostalgia de sospechar que estamos
muy lejos de nosotros,
acaso ese susurro de los remordimientos,
quizá esa triste luna que ya no tiene pelo.

Vuestros cuerpos evocan la gran soberanía
de los que saben poco,
de los que no conocen más que aquello que tienen,
de los que dan la vida por amor a los suyos.
He venido a compraros la libertad del pájaro,
el alcance del águila;
he venido a poneros en hora los cuclillos,
a subiros los árboles casi cien años,
a humedecer la tierra con que engañáis el hambre.

Vengo del Norte,
del érase una vez del cuento de la vida,
de la paciencia mineral de la montaña,
del nerviosismo transparente de las libélulas,
de los bueyes que tiran del esfuerzo.

Ella viene cantando una canción de amor
que cantaba su madre,
habla de una muchacha que recibe gardenias. Vengo
del Norte
como la duda, como el conjuro.
Vengo del Norte como la orientación de las madreselvas.

Me envían los alquimistas de la brea,
la política de los castaños,
los cabreros del alba,
los números silvestres.

Os traigo vino dulce y pan de higo
y una puesta de sol y unas gaviotas.

Hay algo aquí parecido al olor del infinito.

(C) Aurelio González Ovies
Vengo del Norte
Voz: María García Esperón
Música: Chris Spheeris
MMX

XI En las tardes de agosto te llevaré a las grutas


XI

EN las tardes de agosto te llevaré a las grutas
donde el fresco gotea como los condenados.
Serás dichosa aquí,
alta como los pinos, desplomada
como los tejos.
Sangrarás todos los meses por la palabra hembra,
beberás la mentira de las generaciones,
encontrarás la hierba que intoxica la angustia,
manarás de ti misma la venganza.

Serás feliz aquí,
noble como la higuera, furibunda como los rayos
y verás a los tuyos cada vez que haya bruma.
Yo te levantaré molinos con los brazos
de quienes suplicaron decirte eternamente
adiós desde lejos;
yo te dibujaré los planos del olvido,
el camino redondo donde giran los muertos,
la muralla de gritos donde da vuelta el tiempo.

Tendrás las manos siempre abiertas
como el día,
los ojos encendidos como una primavera.
Serás feliz aquí, te lo prometo.
Os prometo a vosotros que ella no cesará
de labrar vuestras tierras de sueño
y conquistar las mieses en que dora el destino.

(C) Aurelio González Ovies
Vengo del Norte
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
Imágenes. Mixquic (Tláhuac) México
MMX

XII Por el sol es la hora de empezar a soñar


XII

POR el sol es la hora de empezar a soñar;
recoge los aperos de la vida,
la realidad aquí -ya te lo dije- tiene la tierra
seca, ha sido abandonada.

Nadie es verdad más que los muertos
a pesar de sus siglos.

Nos acostumbraremos a existir al revés
como la calumnia,
surgirás con el apetito de la envidia.

Olvidaremos todo lo que fuimos,
aunque nuestros padres lloren desde los astros;
y no tendremos nombre
para que nadie nos confunda desde ahora.
Nuestra casa estará rodeada de épocas,
de meses boreales.

Nos acostumbraremos a levantarnos pronto
para esperar el tiempo en otra parte
donde los labradores pongan la leche fresca
al borde del camino,
donde los trenes rompan la pereza del alba,
donde la primavera anide en los aleros de tu mirada
esdrújula.

Por el sol es la hora de deciros
que estoy enamorado
y que he venido aquí para dejar encinta a la geografía.
Vuestra historia me gusta porque baila desnuda
cuando llegan los huéspedes
y sus pechos morenos vibran infatigables.
Quedaremos aquí;
nos enseñaréis a pronunciar las sílabas del gozo,
a escribir las tablillas del deseo,
a conjugar la ley que nunca habéis violado,
a vivir sin el fugaz atuendo de los hombres.

Es tarde.
Las estrellas empiezan a salpicar la noche.

(C) Aurelio González Ovies
Vengo del Norte
Voz:
María García Esperón
Imágenes: fotometraje de Pedro Páramo, Gabriel Figueroa, Google.
Música: L. Einaudi
MMX

XIII Desde el viento hasta aquí hay tantas leguas


XIII

Desde el viento hasta aquí hay tantas leguas
como a la capital del infinito.
Mi casa está muy lejos de los rumbos
y ya nadie la habita más que el tiempo.
Vengo desesperado;
esta es la soledad, mirad sus ojos
llenos de agua,
mirad sus manos de abandono.

No renunciéis jamás a vuestra sangre
porque moriréis rabiados como un perro.
Nunca veáis la envenenada piel de la conciencia.
Creed en ellos,
en los que os dieron leche
y quedaron escuálidos,
en los que os dieron voz
y se quedaron mudos,
en los que os dieron pan
y no comieron,
en los que al veros felices se fueron alejando.
Creed en ellos
y no escupáis nunca encima de sus nombres.

Vengo del norte,
de la isla de los desaparecidos,
de la locomotora del olvido,
de los abedules de la melancolía,
de los antepasados del saúco.

No tengo nada más que una experiencia en flor
que nevará enseguida
y una voz en plural como los ecos.
Ayudadme a sujetar las uñas de mi vida
y a descargar las dudas que me arañan.

(C) Aurelio González Ovies
Vengo del Norte 
Voz: María García Esperón
Imágenes: Google. AGO
MMXI
 

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