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Noche en Delfos




 Desde Delfos veíamos

la bahía de Itea.

Yo sentía las naves

atracar silenciosas.

Tú recitabas versos

del poeta de Paros.

La luna iluminaba

tu perfil hermosísimo.

Cenamos frescos peces

bajo la espesa parra.

Y esa noche bailamos

sirtakis muy antiguos

con amor en los brazos.

(Para I. R. de A.)


(C) Aurelio González Ovies
Tardes de cal viva y brea



El cuento de la vida



Recoge las palabras,
apaga el fuego.
Dame tu mano vieja.
Dame tu mano atardeciendo,
tu mano de pastora,
—cinco dedos de fuerza—.
Y sal conmigo y nómbrame
el nombre de todas las estrellas del cielo de la noche.
Luego vayamos ya.
Vayamos dentro.
Y acércame a la madre antigua
de los libros.
Repíteme el final
de aquella historia.

Era roja la rosa,
roja como la sangre roja de aquel pájaro,
roja como su cuello rojo entre la espina.

Pronúnciame el nombre
de sus príncipes.
Háblame y dime
palacio,
pluma,
carruaje,
Dime conceptos a galope,
dime
diamante,
arroyo,
sauce,
y seda
y púrpura y candil.

Era roja la rosa como la vida
de la sangre
y roja de dolor como el corazón
del desengaño.

Siéntate junto a mí.
Ahora
cierra las puertas,
tenemos que morir.

(C) Aurelio González Ovies

Ley de la palabra



Yo no soy más grande que ninguno,
no poseo tampoco más riqueza.
Sino que al irse mi inocencia un día,
vi el camino del oro,
vi el camino de las posibilidades,
vi el camino de los devoradores,
vi el camino de la autodestrucción,
vi el camino de los acatamientos,
vi el camino de la desvergüenza,
vi el camino del miedo,
vi el camino de los reyes y de los tronos altos.
Y al irse mi inocencia un día,
miré a la libertad y fui tras ella.

Vi el camino sin ley de la palabra.


(C) Aurelio González Ovies
Tardes de cal viva y brea

Cabu Peñes


Ye too norte. Ye’l norte en puntu. Per au albancia la claridá. Onde la tierra se desvanez y la lluz güel a ocle y sal. Ye fin, principiu. Ye’l cabu’l mundu, l’entamu l’agua. Ye superficie y profundidá. Castru y Gaviera onde les foles cueyen relevu y el nordés xunce les sos dos ales y echa a volar. Ye onde la rosa los vientos brama. Onde la nueche ta siempre encesa y la borrina suel madrugar. Per au traxinen toles vapores, ye per au borien tolos pesqueros y per au pasen dalgunos barcos que yá más nunca vuelven pasar.

Ta ente Verdicio y l'horizonte, camín de Viodo, diendo al Ferreru, cerca Coneo, xunto a Tezán. Au les gaviotes faen los ñeros, onde La Erbosa quedó a suañar. Dende au s’avista la vida entera como un abismu que da a l’océanu, una estayina que va a la mar. Ta ente’l cielu y precipicios, penriba’l Ferre, de Solarriba poco p’allá. Después de Lluanco, frente a Bañugues, per u se crucia pa nengún sitiu, per u se vira pal enxamás. Mui a la vera la llontanza, ta en dirección a la eternidá.


(C) Aurelio González Ovies
Tardes de cal viva y brea
Voz: María García Esperón
Música: Yanni
MMXI

Entre visillos


Mira detrás de la ventana. Ve el invierno.

Calla. Baja la vista y mira sus manos.
Les da vuelta. Calla.
Pasa suaves los dedos por el vaho.
Queda mirando. Calla. Baja los ojos.
Vuelve a su piel. Despacio, va
tocándose el rostro. La soledad detrás, sobre
las ascuas.
¿Qué habrá que duela más que la belleza?
¿Qué llevar de la vida?
¿Qué pájaros son esos?
¿La noche, así de pronto?


                                     La luz se apaga.

(C) Aurelio González Ovies
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
 

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