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Cuchillos, navajas...



Llegaba muy temprano
de mañana. Cuando los gallos y gallinas
alborotan los pueblos. La bicicleta
llena de artilugios: piedra esmeril,
diamante, hilo de plomo
y una siringa que sonaba a Galicia.
Remachaba las potas y los cazos,
y mientras afilaba, curriños
-nos decía- como a vida as chispas.

Recogía las monedas. Le daba a los pedales,
y cada vez más lejos:

cacerolas, cuchillos, cachivaches, navajas...!

Acción de gracias




Me ha costado mis años
llegar a escribir
soy
siento.

Estoy aquí y percibo
la grandeza del día,
su dimensión azul,
mi transparencia.
Se lo debo a los nombres
que tanto me llamaron.
Se lo debo a la infancia
y a su fosforescencia.
Se lo debo a los árboles
que crecieron conmigo.
Y a los versos que un hombre,
pastor en Orihuela,
dejó sobre la vida,
llegaron a mis manos,
giraron en mis ojos,
filtraron en mi voz.
Y, corazón arriba,
reconocimos juntos
la belleza.

Invitación al recuerdo



Con esta luz de abril
y este cielo tan alto
y la fragancia nueva que desprenden
las salvias,
te necesito aquí, diciéndome:
prepárate, nos vamos, hoy estaremos
solos
nosotros, el amor
y el vuelo de los pájaros.

Estación ininterrumpida



Estas mañanas secas de noviembre,
con el viento a mi espalda
y los quitameriendas por el suelo,
son mucho de mi vida.
Los castaños deshojan en silencio.
Es hermoso el camino. Es hermosa
la vida y sus imágenes.

Faltan sólo a lo lejos mi casa echando
humo, mi madre en la ventana. La puerta
siempre abierta.

Y el niño que yo fui, con su cabás al hombro
y los chanclos gastados, volviendo de la escuela.

Tierra de nada



Pueblos abandonados.
Minas tristísimas.
La nieve ha jubilado sus memorias.
Narcisos en los tiestos.
                  Balcones solos.
Un hombre con un perro camina y silba.
Fango y barbecho.
Palacios silenciosos,
huertos y espantapájaros.
Un mastín irreal sueña y aúlla.
Tierra de nada
de pantanos
de humo
de espinos
de cemento.

Pasto verde y sembrados para la brisa.
Deshielo de la juventud.
Precipicios.
Negrura. Acantilados. Maizales caídos.
Caserones de sombra
y de lechuzas.

Estaciones.
Caminos.
Labrantíos.
Arroyos.

Se escucha el mirlo.
Esta región heredará la lluvia.

Desencanto



Desenterró su cuerpo. Pidió un poco
de luz.
Entendió que nada había cambiado.

Cogió una rosa. Se empapó con la lluvia,
acarició la tela de la tarde,
escuchó el mirlo
y prefirió seguir tumbada entre los muertos.

Sólo así



Envejecer.

Decir adiós.

Admitir, en el fin,

nuestra grandeza...

Panorámica


Asómate a las sílabas
más altas de la palabra hombre,
lo más al norte de la geografía carne,
lo más al borde de su abismal esencia.
Escucharás el trino de un pájaro muy viejo,
la perpetua agonía de una mujer parida,
los secos arañazos de los muertos,
el vacío y su brisa. El silencio. Sus cañas.

Muy hondo, el río. Y un rumor
como de avispas y de despedida.

Asómate a les sílabes
más altes de la palabra home,
lo más al norte de la xeografía la carne,
lo más al borde del so abismu y esencia.

Escucharás el trinu d'un páxaru muy vieyu,
la perpetua agonía d'una muyer parida,
los rabuñazos secos de los muertos,
el vacíu y la so brisa. El silenciu. Les sos cañes.

Mui fondu, el ríu. Y un rumor
como de griespes y despidida.

(C) Aurelio González Ovies
El cantu'l tordu
Recita: Joaquín De la Buelga
Realización vídeo: MGE
MMXI

Ritual


Y que jamás revelen
dónde hiberna el verano,
ni tu maternidad, humilde
primavera. Que nunca
se descubra de qué estás hecho, barro,
que jamás se desvele la estructura del frío,
del abismo, la luz
ni la madera.

Que no sea preciso intervenir el humo,
ni anestesiar el tiempo, ni la quimioterapia
en tu estatura, piedra.

Manos


Qué espacio milagroso el de las manos:
aman tocan retienen presienten matan
siembran
abrazan edifican acarician valoran
miden cazan impiden
se desgastan
se cierran.

Canto


Canto
al que planea ñubes, vilanos y burbuyes,
al qu'esguila a la vida a por sangre montés,
al que baxa a les tumbes a sentar a los muertos;
al que invierte'l so oru, tritura la so especie
pa que nun desapaezan
la miel casero
nin los lentos ocasos,
nin l'azafrán,
el mostu,
el crisantemu,
la raitana,
el lliriu,
les naranxes
nin la yerba.

Ruines d'Olympie



Olympie. L'aube. Déjà
le printemps.
Lente, la lumière du jour oint son corps

d'une huile très tiède,
comme une jeune déesse
éprise d'un athlète mortel.

Ce peu de choses que je vois:
un olivier, la rosée sur le marbre
et l'aspect humain de la terre
c'est la vie.


Traduction: Jean Dif

Día a día


Yo veo que nos vamos
queriendo más...
-no sé cómo decirlo-,
tal vez más por completo,
más desnudos,
más íntegros,
más todo,
más necesariamente
todo el tiempo;
más menos de lo que antes
era mucho.
No sé cómo explicarlo,
pero sé cómo arde
el amor verdadero.

¿Qué más que el amor?


¿Adónde voy? ¿Qué busco? ¿Por qué
huyo tantas veces de donde estoy,
de aquí, donde fui consiguiendo,
a trancas y barrancas, dar algún
paso en firme,
intentar ser, a veces, brevemente
feliz?
¿Qué pretendo encontrar
que desde aquí no halle?
¿Qué imagino tocar que mis manos
no puedan alcanzar desde
mí?
¿A qué sueño abrazarme que nunca
se me escurra?
¿Adónde me dirijo? ¿Qué más hay
que el amor,
ese alguien que te espera
con la luz encendida
con los labios en flor
con las manos en vela?

¿Qué más? Yo sé que nada
existe
-los años me lo dicen-
fuera de ti y de mí.

El cantu'l tordu


Cántame, tordu,
necesito creer qu'esti branu nun cambia,
que la lluz nun avieya.
Que soi yo quien enturbia la eternidá d'agostu,
que yo soi quien la mira
colos gûeyos cansaos.

Pero tu, cántame,
agora y siempre.

Qu'al escuchate sienta
que sigo aína en mi
o que, al menos, sí tuvi
ciertamente conmigo.

El canto del mirlo


Cántame mirlo,
necesito creer que el verano no cambia,
que la luz no envejece.
Que soy yo quien opaca la eternidad de agosto,
que soy yo quien la mira
con los ojos cansados.

Pero tú, cántame,
ahora y siempre.

Que al escucharte sienta
que sigo aún en mí
o, que al menos, estuve
ciertamente conmigo.

Escena de casa


Y es que aunque nada puede
detenerse,
he sido tan feliz que es suficiente. Bajo
la tarde, aquí, recuerdo
ahora
la vida transcurriendo
como fruta brillante. Las fieles golondrinas
girando hasta la cuadra y el olor
de la hierba. -Mi madre era tan joven-
Existió todo en mí. El cariño y la infancia
como un pan abundante,
los rayos del verano entrando
hasta la siesta. El nombre de los pájaros,
su canto. Las luciérnagas,
su silencio encendido sobre las noches
largas.
Ha sido tan verdad que ya es bastante.
Más allá, los postes de la luz,
los maizales, y el mundo se acababa.

Conxuru


Trébol de cuatro fueyes:
fai qu'alcance esta nueche
les mios estrelles.

Camisa de culiebra:
dai voz a esta palabra
que nun me medra.

Cuquiellín de mayo:
dexa que salga´l sol
de la mio mano.

Cuervu de mal agüeru:
ofrezme enantes qu'agua
sede y deséu.

Agua bendito:
nun me descifres nunca
qué ye tar vivu.

El veneno agridulce de la vida


Ganar, abrir, cerrar,
perder. Hoy el encuentro
feliz. Mañana la despedida.
Todo es lo mismo
y contrario. Como la luna
y el día. Todo de luz y de
sombra. Como una noche
muy llena y una casa
tan vacía.
Tomo un sorbo. Reconozco la fe.
Amargamente sonrío:
dulce veneno, la vida.

Desiderata




Llama a mi corazón
pero descálzate,
unge tus pies.
Vacíalos
Si has de salir prefiero
que no queden las huellas
 

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